Llegó en un coche de sitio que decía Lomas Oriente, por eso muchos intuyeron que llegó a la central, pero no, llegó al estadio del Centro Cultural, que era un tazón ínfimo para apenas siete mil aficionados. Llegó al centro del campo, porque en el futuro ahí estaba la casa-laboratorio del doctor Mondragón.
Lo conocimos apenas hace una semana. No pudo tocar a nadie, ni pudo interactuar casi nada, porque tenía una sola misión: que el presidente perdiera por completo el poder.

Según nos contó, el presidente se había convertido en un dictador y controlaba todo, así como los tiranos sudamericanos, con mano de hierro y con una carencia total de sentimientos. Por eso venía, para poder pasar una pistola de plástico a un evento y poder disparar al Presidente. No importaba que le diera o no al blanco, lo único que tenía que hacer era fingir ser reportero (para eso nos necesitaba), meter su arma plástica a una vieja mochila de reportero e ir al evento donde el primer ministro inauguraría un tramo carretero entre Valles y Tamuín.
Nos dijo que venía del futuro, del año 2041 y que se llamaba Verga. Se había popularizado tanto la palabra que era impensable en los tiempos de mi padre, que muchas cosas se llamaban así. Él había nacido en 2018, el año en que se anularon las elecciones y el Ejército ayudó al PRI a quedarse en el poder mediante la instauración de un imperio, en el que Enrique Peña sería emperador vitalicio.

Verga no estaba muy seguro de que eso fuera a continuar así y, como hijo de la tiranía, confiaba plenamente en los planes del doctor Mondragón y del líder de la resistencia mexicana, Fantomas Siller. Ya no quisimos preguntar si era un apodo o era el nombre del insurgente.

El asunto es que Verga significó para nosotros, mi compadre Arnulfo y yo, la temporada más divertida de toda la vida. Además siempre intuimos que Verga estaba más loco que la verga, pero ¿ustedes no se hubieran atrevido a entrarle a una empresa quijotesca liderada por una persona con ese nombre?

El caso es que Verga no pudo hacer ni madres. Ni siquiera consiguió el gafet para poder ir al evento político de inauguración. Luego, como por arte de magia, desapareció sin dejar una sola pista de lo que había pasado con él. Nos dijo que nos iba a contar cómo le hacían en el futuro para coger sin condón y no infectarse de nada y entró al baño, pero ya nunca salió. De ahí, partió quizá al futuro o quizá al mundo de los mediocres que no saben concretar planes. El caso es que Arnie ya no pudo escuchar la lección de carácter sexual.

Verga no dejó nada. Solamente unas cartas que le escribía a una tal Carmen, que con toda seguridad era su novia, porque le hablaba con mucha dulzura en los textos que escribió sobre su experiencia en el Valles libre del 2017, junto a mi y mi compadre Arnie.

Las cartas, aquí las transcribo con más júbilo nostálgico que como documentos importantes de un viajero del tiempo que escogió mal lugar y malos acompañantes para ejecutar un plan que cambiara la historia.