Querida Carmen:

Como te dije la vez anterior, aunque francamente no he encontrado algo con qué ordenar las hojas donde te escribo, te quería contar sobre el mundo de las personas de 2017, esos antiguos que vivían en un mundo virtual feliz y lleno de miedos, aunque suene raro decirlo.

Fíjate que uso la computadora de la casa de Arnulfo, porque tiene conexión Wi Fi más rápido y así puedo ver algunas cosas, mientras te escribo a mano, con una hoja colocada a un lado de la máquina, para que sepas que la mano quea ama tu cuerpo es la misma que te escribe.

Acá en este tiempo, la gente se siente sola, Carmen. Pero no con esa soledad obligada por la ciencia, que sufre el doctor Mondragón, sino por una soledad que curiosamente los de este tiempo se imponen. Apenas ayer, platicaba con el Gabriel y el Arnie y los dos se pusieron a ver su teléfono después de que nos carcajeamos con un chiste de Gabriel. Aunque no lo creas, Carmelita, después de ese momento de bonita convivencia, me sentí el hombre más solo de la tierra, el más triste también.

Fíjate que la gente de este pasado no habla, escribe. Escribe mucho y mal para comunicarse, pero no platica cara a cara y eso les da un sentimiento de mucha soledad. Pero en lugar de abatir la soledad buscando con quien charlar, vuelven a las redes sociales y empiezan a buscar entre una lista de amigos o de “ligues”, que son como novias o novios para coger (perdón por la palabrota) de los que se dispone en esta época.
Te decía, la gente del 2017 prefiere escribir que conversar, porque les pasa como nos suele pasar a nosotros cuando nos enojamos. Ya después de tanto discutir, escribimos una carta y así ordenamos las ideas, para no echar a perder el argumento.

Acá se la pasan ordenando ideas a fotos de perfil de gente que no se sabe si es real o si es una sombra de su foto.
Pero así prefieren estar. Viendo la pantalla del celular, que les ilumina las pupilas con un fulgor mortecino, como de luciérnaga moribunda.

Y resulta que estos mismos habitantes del pasado no cuidan a sus hijos. Se la pasan ligando y conviviendo en redes sociales con gente que no ven y la gente que está alrededor no la toman en cuenta. Pero es extraño, Carmen de mi corazón, porque los seres humanos entre sí se han dejado de tomar atención entre ellos y luego se quejan de soledad. ¿Pero sabes cómo remedian esa soledad? Con perros.

¡Imagínate, mi amor! Así como lo oyes. La gente del pasado prefiere a sus perros que a sus hijos. A los perros se les considera como hijos y se les dan los cuidados que una amorosa madre tendría con sus vástagos, pero a los verdaderos hijos humanos los dejan a un lado, hasta que los hijos también se vuelven posesos de sus teléfonos.
Dime tú, mi amor, si no están locos en el pasado. Los mismo perros que nos comemos al mojo de ajo o a la parrilla, son los que acá en el ayer, les dan tratamiento de hijo y les ponen ropa ridícula de humano y los graban en vídeo haciendo alguna gracia.

Dice Gabriel que ésta es la época más estúpida de la humanidad. Algunas cosas no las contaba el doctor Mondragón, pero como que le daba vergüenza, por eso no abundaba mucho en este pasado de gente triste a causa de una soledad que ellos mismos provocan y que resuelven con la crianza insana y pervertida de perros humanizados.
Por ahora te dejo, pero al rato te escribo más, mi amor, porque hay algunas cosas que te encantarán sobre las mujeres que buscan novio en las redes.

Tuyo,

Verga.