El hombre de pasado manaña III+1

El hombre de pasado mañana Primer Bono (1)

(1) Los Bonos de la historia

(1) Los Bonos de la historia de “El Hombre de pasado mañana” son los pequeños capítulos que relatan la estancia de Verga en el pasado (que es nuestro presente) y es una historia alternativa a la columna que pueden leer si les da la gana, o mandar al carajo, sin ningún remordimiento literario.

¿Qué pedo?, nos dijo, así como así. Arnulfo y yo nos bebíamos un par de cervezas heladas afuera de El Granero, un teiboldans que se encuentra en una de las calles que entran al declive que conduce a la Central Camionera, lugar muy cercano a la llegada de Verga. Arnie se puso picudo y le contestó que ¿qué pedo de qué, güey? Soy Verga. Ah, pues yo también soy muy verga, contestó Arnie, alebrestado por el alcohol que le concitaba el cerebro al pugilismo. No, me llamo Verga. Volvió a decir el extraño, con una seriedad de velorio. Arnie soltó la carcajada y, entre risotadas, me preguntó que qué opinaba de ese cabrón. Yo me dirigí al extraño y le dije que si había demandado a su papá por ponerle así. Soy Verga y vengo del futuro. Estallamos los dos de risa y yo le pegué a la mesa de lámina, estampada con la marca de la cerveza Corona. Arnie se inclinaba, babeante, a punto de irse de bruces. ¿Quieres una cheve? Le invitó Arnie, seguro de que ese loco nos iba a hacer pasar un buen rato. Se sentó y pidió que no nos le acercáramos mucho, que no podía tocar muchas cosas, por la paradoja que podía desatar. ¿Podemos hablar en otro lugar más privado? Rogó con la voz cascada por un miedo que, entonces no comprendíamos. Aquí el único puto es mi compadre, le dije yo. ¡Ora, ora! terció Arnie, con su voz de barítono, forjada a puro cigarro y cerveza fría. A ver, ¿qué es lo que quieres, don Verga? Le pregunté. Solamente quiero que me presten atención, manifestó con el mismo tono serio. Ha de saber que somos reporteros, dijo Arnie. Yo asentí y le di un buen trago a la cheve. Es que el doctor Mondragón me dijo que tenía que hacer que me ayudaran personas del pasado, pero que primero los tenía que convencer de que soy del futuro, sentenció sin emitir ni una risilla cómplice. A estas alturas, ya me estaba cansando el cuento, y Arnie dijo que le estaba dando sueño. La verdad no les puedo decir nada de su futuro, porque no lo tienen. Ahí como que torció la puerca el rabo y ya no me gustó el tonito de Verga. ¿Cómo que no tenemos futuro, culero? Le cuestioné. Miren. Sacó de su mochila negra un periódico El Universal del 2 de mayo de 2041. Arnie lo vio y dijo: ¿qué tiene? Es un pinche periódico viejo. En la portada estaba un anciano, con los brazos abiertos, siendo venerado por una multitud vestida de rojo, en un escenario extraño, lleno de globos metálicos. ¿Ya viste bien la fecha? Inquirió Verga. Ah, cabrón, dice 2041, refirió Arnie. Le atajé de golpe que para qué había mandado hacer un periódico con una fecha futura. Él me dijo sin pensar: ahora miren esto. De su bolsa sacó un botó de camisa, de un centímetro de diámetro, de un color tan negro que azuleaba y lo puso en la mesa de lámina. La cheve se me cayó de la mano y se fue a derramar al pavimento. Arnie se ahogó. Reprodujo un noticiario del futuro. El comentarista se deshacía en halagos hacia el jefe máximo de México, el jefe Enrique Peña, quien, “a pesar de sus 75 años de edad, todavía se movía entre los ciudadanos entusiastas, como un muchachito que trota, no camina, que corre a un futuro mejor para México”. El video era un holograma en tres dimensiones que permitía ver todos los ángulos de la imagen, sin alterar la percepción de visibilidad. La verdad es bien culero ver algo que no puedes, que no tienes por qué creer.  

Author: AlejandroIV

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