El hombre de pasado mañana
Cuarto bono

(4) Los Bonos de la historia

(4) Los Bonos de la historia de “El Hombre de pasado mañana” son los pequeños capítulos que relatan la estancia de Verga en el pasado (que es nuestro presente) y es una historia alternativa a la columna que pueden leer si les da la gana, o mandar al carajo, sin ningún remordimiento literario.

Haciendo cuentas, me estaba metiendo en el peor embrollo de mi vida, porque pedí otro préstamo a un individuo extraño que me indicó Arnie. Tuve que recoger los quince mil pesos a un billar lleno de cabrones que se sentían Van Damme y después de decirme el interés semanal del empréstito, me dijo que me sacara a la chingada.
Carmen se relajó cuando vio el dinero y me dijo que debíamos salir cuanto antes. Yo había pedido un poco más de lo que me hubiera costado un vieja a México, acompañado, para ver si me acompañaba a cenar a un restaurante de filetes que está en el norte de la ciudad, pero no se quería ni bañar, me la mamó llegando a la casa de una manera que no se puede concebir en posición vertical y ya con eso me había convertido en su príncipe salvador para siempre. Me hizo decirle que la quería en el trance. Hubiera dicho que yo soy Maluma, con tal de que siguiera con aquello.
Fuimos a la central y el autobús de las 11 de la noche era en el que nos iríamos. La noche estaba fresca todavía, pero se sentía humedad en el ambiente, como cuando la selva te avisa del calorón que desatará al otro día.
Carmen comía muchos chocolates. Decía que de dónde venía, estaba prohibido experimentar algunos placeres, entre ellos el chocolate. Así que le compré una caja de Reeses y los devoraba caninamente, porque los engullía sin ni siquiera formar el bolo alimenticio.
Yo tenía un ojo en su delgadez sensual y otro en el garabato en el que había convertido mi vida al abandonar el trabajo de reportero, al abandonar a mi compadre Arnie y al embarcarme en quién sabe qué infernal aventura que me costaría 12 por ciento de interés mensual.
Mientras tomaba el chocolate que dejaba la caja a la mitad me dijo en un tono impertérrito, casi oficial: “Vengo del futuro” y yo comencé a pensar que me había convertido en un imán de locos que divagaban con viajes al pasado. Pero recordé la felación de la tarde y me hice el loco.