Muerte sin terapia

terapia muerte-Pues sí, yo soy la muerte –me dijo, sentándose a mis pies sobre el sofá victoriano, como si necesitara presentación.

-Ya lo sé flaca, ya lo sé que eres tú –Dije sirviéndome un Marqués de Riscal-. Desde los siete años cuando iba a morir ahogado en aquel remolino allá en el rancho y me salvaste de ti misma diciéndome “me gustan tus oídos”… Creí que era producto de tanta agua que tragué, pero tiempo después supe que no era así… Perdóname, desde los siete años comprendí que ser la muerte no es nada fácil. Si lo he de saber, el remordimiento de consciencia de llevarte a doña Teresa la esposa de don Chico, doña Angélica, dejando como 15 niños huérfanos ¿Te acuerdas? Yo sí, parecías primeriza, venías llorando. Tenía que hacerlo me dijiste. Si las dejo en esta vida hubieran sufrido demasiado. Me les aparecía en el sueño y les decía: mañana abraza a los que amas porque no los volverás a ver, después que te lleve solo voy a dejarte una pizca de memoria y de amor para tu próxima vida, para que cuando regreses todo te parezca un sueño y de vez en cuando encuentres a alguien que te parece conocido y creas que ya has estado allí, déjá vu dicen los franceses, pero no es más que un eufemismo, un maquillaje de mí. Dile a los tuyos que no vayan a llorar, que te celebren con lo que te guste, mariachi, rezos, cantos, corridos, chicha o agua, cerveza, pulque, que sólo cerrarás los ojos por un minuto en la eternidad ¿Te acuerdas?.

-Ja, ja, ja, era muy dramática, aun lo soy no lo niego. Pero había dignidad. Hoy las cosas han cambiado. Antes, ya lo has dicho, los seres humanos cerraban sus puertas a esta vida con la dignidad del que ha trabajado de sol a sol y se sienta a comer. En estos tiempos en muchas ocasiones en varios países, como Irak, Palestina, tu país México yo me veo violada, para mí es indígnante. En México he dejado ir a más de dos para que cuenten las atrocidades donde no he tenido nada que ver. ¿Te acuerdas de los 72 inmigrantes que mataron en Tamaulipas un grupo llamado los Z? Dejé ir vivo a un ecuatoriano para que contara la historia, yo no quería verme envuelta en ese crimen, en esa masacre, quiero mantener mi dignidad. La muerte es digna. Pero no me pondré filosófica, cuando mucho, se me saldrán tres lágrimas por lo que voy a contarte. Mejor dame un tequila antes que a este hermoso cuello de Catrina se le atore ese nudo gordiano y ya no pueda hablar.

-Ya pues, chíngatelo, allí esta arribita en el bar.

-Bueno, no hace mucho, y la memoria está fresca, tu raza mató a tus propios hermanos. Los mató peor que a animales de criadero. Ese día cerré los ojos. Me los estaban dando a la fuerza. La negatividad de aquellos seres que despreciaban la vida de otros semejantes, me empujaba al límite de no querer presenciar horrenda masacre. No te contaré los gritos, el llanto, el desespero, todos eran unos niños. A uno le arrancaron la piel del rostro cuando aún estaba vivo, y se agarraba la cara gritando que aquello era una pesadilla. Eran más sádicos que el propio Sade, para que me entiendas, salidos desde el inframundo, aquí les llaman demonios. Se reían del niño desfigurado, le arrancaron los ojos… Hasta yo soy digna, tuve que poner mi mano poderosa en sus ojos para calmar su dolor, para que muriera en paz y dije: duerme niño, no sufras. Ni yo misma, la muerte, podía aguantar aquella tortura. Como en el caso de los inmigrantes, dejé no uno, sino varios que aún están vivos y no hablan porque están aterrorizados. Pero ya hablarán. Esta noche no vine a contarte cosas para que me des terapia, sino a refrescarte la memoria, tu responsabilidad es no olvidar. Recuerda, exige, recuerda, exige como judío, nunca más, es tu responsabilidad, a ti te dejé vivo para que lo cuentes. Me voy, voy a mi fiesta, mañana celebran mi verdadero día, el día antes de la llegada de los bárbaros.

Author: Lautaro Literatura

Share This Post On